domingo, 1 de marzo de 2015

Sara tiene cinco años y continúa su larga lucha contra una enfermedad sin nombre


Sara Cortés tiene cinco años, pero su relación con el mundo es la misma que la de un bebé de seis meses; sonríe cuando ve a sus hermanos y llora cuando se siente desatendida, pero a día de hoy su madre sigue sin saber el nombre de la enfermedad que ha dejado a su hija en una silla de ruedas.
"Los médicos nos han dicho que es una mutación de una enfermedad similar al Charcot Marie Tooth, pero, a pesar de las pruebas, aún no conocemos exactamente cuál es el diagnóstico", explicaba esta semana Olga Moreno, madre de Sara, con motivo del Día Mundial de las Enfermedades Raras que se celebra el próximo 28 de febrero. 
El Charcot Marie Tooth es una enfermedad neurológica rara que pertenece al grupo de las llamadas neuropatías hereditarias sensitivo motoras. Se trata de una forma de atrofia muscular progresiva que provoca la disminución de volumen y peso de un órgano. 

"Este tipo de neuropatías degenerativas afectan sólo a la movilidad y no a la capacidad de ver, de entender el mundo... y sin embargo Sara, pocas horas después de nacer sufrió una grave lesión cerebral que la dejó prácticamente en estado vegetativo, sin ver, oír ni comer", explica su madre. Tras múltiples terapias de estimulación, los padres de Sara consiguieron que la niña fuera capaz de escuchar y ver a distancias cortas, y que se relacionara con el mundo, aunque su comportamiento es el de un bebé de pocos meses. En la actualidad, Sara y su madre, que viven en Barcelona, acuden tres veces al año a terapia en Madrid, gracias a la cual han conseguido que la pequeña pueda sentarse y aguantar el peso de su cabeza.

"En la página web de Sara un padre nos habló de una técnica rusa, la fibrotomía, que consiste en hacer unas pequeñas incisiones en zonas fibrosas de los músculos que los mantienen permanentemente contraídos", relataba. "El problema (apuntaba) era que la podíamos operar a finales de febrero pero teníamos que juntar 4.000 euros", explicaba. La familia de Sara intentaba recaudar esta cantidad antes del 20 de febrero y lo ha conseguido. "Hemos hecho de todo... coger tapones, hacer eventos, hemos ido a la tele, no hemos parado. Y ahí vamos, arruinándonos poco a poco, pero lo único que nos queda es batallar para darle calidad de vida", afirmaba Olga. 
La batalla de Sara continúa.

Metilmercurio en el pescado: qué especies tienen más concentración


El arsénico o el metilmercurio, mercurio orgánico, se pueden acumular en el organismo y poseen alta toxicidad, sobre todo en el sistema nervioso. 

La forma más eficaz de garantizar que el consumo de este alimento sea más beneficioso que arriesgado es, según un nuevo informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), limitar la ingesta de especies con un alto contenido de metilmercurio, como pez espada, lucio, atún o merluza

El contenido de mercurio varía en función de las especies de pescado, siendo mayor en los peces depredadores.
El mercurio que se encuentra en plantas y animales pequeños es absorbido por peces pequeños que después son engullidos por otros más grandes, en cuyo tejido se acumula la sustancia química. Por este motivo, los depredadores más grandes, como el pez espada, son los que almacenan más la toxina que otras especies más pequeñas. Este proceso, conocido como bioacumulación, implica que los niveles van aumentando a medida que avanza la cadena alimentaria. 

Las concentraciones de metilmercurio en el pescado varían en función del pH del agua, su materia orgánica y los organismos que viven en ella, así como la temperatura y la cantidad de sólidos disueltos. También influyen otros aspectos como el azufre y otros productos químicos presentes en el agua. Todo ello, junto con la complejidad de las redes alimentarias, hacen que la bioacumulación sea difícil de predecir y varíe.

Además del mercurio, también pueden encontrarse otros metales tóxicos como plomo o cadmio que, según la AECOSAN, son elementos químicos con cierta toxicidad para las personas, sobre todo en determinadas concentraciones, en las que pueden ser "tóxicos en algunas de sus formas". 

Los metales tienen la particularidad de que son bioacumulables y persistentes y están distribuidos por todo el planeta. En el momento en el que se incorporan a los tejidos de plantas y animales es cuando se inicia el camino de la cadena trófica y, por tanto, entran a formar parte de los alimentos.

El peligro de que los antibióticos no sirvan


El uso excesivo de los antibióticos y la creciente resistencia antimicrobiana mata cada año a 25.000 personas y cuesta alrededor de 1.500 millones de euros de gastos sanitarios y pérdidas de productividad, sólo en Europa.

Ante este escenario, la Comisión Europea acaba de convocar un premio que dará un millón de euros a la persona o equipo que desarrollen un test rápido para determinar si un paciente necesita o no ser tratado con antibióticos. Con esa prueba médica, los facultativos podrán saber si los pacientes que sufren de infecciones de las vías respiratorias altas, como el resfriado común, la bronquitis o la otitis, pueden ser tratados de manera segura con antibióticos.
Los únicos criterios exigidos son que se trate de una prueba rápida, barata y fácil de utilizar y que no sea invasiva (o lo sea mínimamente) para los pacientes.

En abril del pasado año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se mostró alarmada por el aumento de la resistencia a los antibióticos en todas las regiones del mundo, incluso con aquellos fármacos utilizados como "último recurso" para tratar infecciones potencialmente mortales.

La resistencia antimicrobiana será una prioridad de la UE más allá de 2016. En septiembre, la CE adoptó una propuesta legislativa sobre medicamentos para animales y piensos medicados, destinada a "reforzar el uso prudente" de los antibióticos.

OMS alerta: Pérdida de audición


Más de mil cien millones de jóvenes en el mundo están en riesgo de sufrir pérdidas de audición a causa de prácticas inseguras de escucha, como usar dispositivos electrónicos y auriculares reiteradamente, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El estudio, que alerta de que actualmente ya hay más de 43 millones de jóvenes de entre 12 y 35 años con discapacidades auditivas, se ha presentado este viernes en el marco del Día Mundial del Oído, que se celebra el 3 de marzo.

Cerca de un 40 % de estos mismos jóvenes están expuestos potencialmente a niveles excesivos de ruido en discotecas, bares y eventos deportivos, según revela el estudio.

Científicamente, niveles de sonido inseguros son, por ejemplo, estar expuesto a 85 decibelios (dB) durante más de 8 horas o a 100 decibelios durante 15 minutos. 100 decibelios es el nivel medio en una discoteca. "Lo que importa es la intensidad, por eso lo más fácil para protegerse es reducir el tiempo de exposición cuanto más alto sea el sonido", explicó Chadha. Algunos ejemplos son: el sonido regular del tráfico, que es de 85dB, y para que éste no afecte, no debe haber una exposición mayor a 8 horas por día

Un objeto cotidiano usado por millones de personas en el mundo es el secador de pelo, que de media tiene una intensidad de 100dB, por lo que la exposición máxima recomendada son 15 minutos.
"Una vez las células auditivas se han perdido, no se reemplazan. Es como los ancianos, no hay otras, son las que son. Por eso el problema es tan importante, porque se puede evitar pero no curar", advirtió Chadha.